La Biopolítica de OriónÖ
Política de la Vida utilizada como acción de muerte
Juan Esteban Restrepo CastroÖÖ

Resumen
¿Por qué el concepto de biopolítica, siendo una política de la vida, amenaza siempre con tornarse en una acción de muerte? Es la pregunta que aborda este trabajo, analizando la intervención militar conocida como la Operación Orión en la Comuna 13 en Medellín. Concebir la vida puesta al servicio de la política, como una desviación perversa de la biopolítica, permitirá analizar y criticar las justificaciones para matar, pacificar y restaurar el orden que realiza el Estado en nombre la Vida.
Contextos como el de Seguridad Democrática abren una gran posibilidad para que la biopolítica se convierta en acción de muerte, con el pretexto de la vida y la libertad se justifica los más atroces crímenes, con el fin de asegurar la existencia armónica de la mayoría, pero sobretodo, la legitimidad y soberanía del poder político.
Palabras Claves: Biopolítica, Biopoder, Comuna 13, Operación Orión, Vida, tanatopolítica, muerte.
Introducción
Son dos acepciones de biopolítica, las que se intentan esbozar en el contexto de una intervención militar, ocurrida en la Comuna 13 de Medellín conocida como la Operación Orión.
Con una se hace referencia a la biopolítica como instrumento que permite analizar el funcionamiento del Estado como un ser viviente, compuesto, por células, órganos y sistemas, que funcionan perfectamente facilitando la vida armónica y pacífica de todos sus elementos.
Con la otra, se apela el concepto de biopolítica como herramienta para la administración de la vida y la protección de la misma al interior de la sociedad, de cómo la salvaguarda de la vida implica en ocasiones la muerte de otros seres, con la finalidad de preservar el orden y mantener seguros a la mayoría, que exigen del Estado la garantía de la vida, a la vez que le otorgan el control la sobre la muerte.
La apuesta es por analizar como la defensa del derecho la vida y a la libertad, terminan siendo utilizadas perversamente para justificar acciones violentas, incluso hasta matar, tal como ocurrió en los operativos bélicos en zona urbana de la comuna San Javier en octubre de 2002.
Ocho años después de la Operación Especial Conjunta Orión, la Comuna 13 llama de nuevo la atención a nivel nacional por los altos índices de violencia y criminalidad que allí se arraigan. Y la probabilidad de nuevos Oriones no es irrisoria, acá la vida sigue al servicio de política y sobre eso trata el presente.
Desarrollo
Juan Esteban Restrepo Castro
“La situación en la Comuna es totalmente distinta. Esto es una fiesta por la vida y lo que la gente nos dice es: Gracias. Hemos vuelto a libertad” (Montoya, 2002)
Después de ir al colegio, mi ruta era el floresta-estadio, un bus que subía por el estadio, pasaba por Santa Lucía y recorría parte de San Javier hasta llegar a mi destino, la cancha de arenilla del barrio Antonio Nariño. Allí casi todas las tardes entrenaba con mi equipo de futbol Recamiones, éramos un grupos de jóvenes conformado por habitantes de la zona y algunos que íbamos de otras partes a divertirnos y a practicar para el torneo que jugábamos los fines de semana.
En Nariño como le decían los compañeros, existía una paz muy tensa, quienes vivían allí y quienes frecuentábamos el lugar, conocíamos las dinámicas del conflicto y nos movíamos con sigilo. En cambio para quienes llegaban como visitantes, tan solo a jugar partidos, ese era un territorio hostil, dónde no solo se jugaba contra el rival que hacía de local, sino también contra el estigma de la zona, las balaceras ocasionales, la mala fama de Nariño y los muchachos que se escondían detrás de los arboles a fumar marihuana, a insultar y amenazar a los rivales por sus habilidades futboleras o por la impotencia de ver perder a su equipo local.
Durante el segundo semestre de 2002 la situación en Nariño se puso delicada, a veces no podíamos ir a jugar, el entrenador nos llama a nuestras casas para decirnos que no fuéramos, que no iba a haber entrenamiento pues había enfrentamientos y la situación estaba maluca. Esto se repetía con regularidad. A veces también por las noticias veíamos que en la comuna 13 los tiroteos eran constantes y los enfrentamientos entre la Fuerza Pública y los grupos armados ilegales duraban toda la noche. Entonces cuando mis papás veían esto, me prohibían ir a Nariño y suspendían mi entrenamiento hasta nueva orden.
Alguna vez entrenado, pasó lo que hoy percibo como los inicios de La Operación Orión. Mientras jugábamos fútbol vimos correr a unos jóvenes hacia la parte alta del barrio, mientras muchos soldados se agrupan en un costado de la cancha, en el cielo vimos aparecer un helicóptero que mis compañeros llamaban fantasma, pues siempre lo oigamos pero pocas veces lo veíamos, helicóptero que en realidad, supe más adelante, era un Black Hawk artillado. Entonces sonaron un disparos, nuestra cotidianidad con el conflicto ya nos permitía distinguir entre los sonidos de las armas, nos dimos cuenta que eran tiros de fusil. Alarmados corrimos hacia los camerinos, mientras los disparos se oían muy cerca y el miedo nos invadía.
Mientras llegábamos al refugio podíamos ver como destellos de fuego pasaban por encima de nuestras cabezas, se veían como pequeños cometas que dejan una estela de color rojo y al final naranja, eran balas de alto calibre que además de dejarse ver, hacían un sonido terrible, como un silbido muy agudo y veloz que llega no se sabe de dónde y que se va así de rápido y misterioso como llegó.
Todos alcanzamos a ver al entrenador que desde la tribuna nos llamaba con desespero, todos corrimos y alcanzamos a llegar al camerino, allí nos encerramos y mientras los disparos seguían aturdiendo nos abrazamos como equipo y rezamos, rezamos y contamos chistes hasta que esa larga tarde tuvo fin. Cuando llegué por la noche a mi casa, mis papás muy preocupados me dijeron que no podía ir a entrenar más, que San Javier estaba muy peligroso. Pero eso no fue necesario, el torneo fue suspendido y los entrenamientos en Nariño terminaron, mientras que Orión en nombre del Estado, cazaba vidas, desaparecía unas y salvaba otras.
Orión, el cazador en la mitología griega, fue una Operación exitosa para el Gobierno, parte de satisfacción y de eficiencia dio la oficialidad. La política de la muerte había triunfado sobre la vida, eso sí, en función de la seguridad, el orden y la preservación de la vida misma de miles de habitantes de la comuna 13. La biopolítica que Foucault describía cobraba realidad Medellín, como un instrumento que facilitaba “la seguridad del conjunto con respecto a sus peligros internos” (Michel Foucault, 2001, pág. 225)
Los medellinenses de bien estaban amenazados por una comuna miliciana que fungía como cáncer de esta sociedad, razón por la cual el Estado debía actuar, intervenir, operar y extirpar de ser necesario, para salvar la mayoría, había entender al Estado como como un bios, como un ser biológico que funciona con órganos, sistemas, aparatos y demás elementos que mantienen con vida y en perfecto funcionamiento a un ser viviente. Todo esto, porque la “biopolítica tiene por un lado, la misión de reconocer los riesgos orgánicos que amenazan al cuerpo político, y, por el otro, la de individualizar, y preparar, los mecanismos de defensa para hacerles frente, arraigados también en el terreno biológico” (Esposito, 2006, pág. 31)
San Javier estaba invadido según los reportes oficiales de milicias guerrilleras, del ELN, las FARC y Los Comandos Armados del Pueblo CAP, también hacían presencia allí algunos grupos paramilitares que disputaban el control del territorio, más la delincuencia común, tan natural y propia a los barrios más pobres de Medellín.
Así pues, El General Mario Montoya, comandante de la 4ta Brigada señaló que la Operación Orión iba dirigida contra “La guerrilla, las autodefensas ilegales y la delincuencia común (CINEP, 2003. pág. 21)”, la enfermedad estaba diagnosticada, bastaba solo una buena medicina para sanar el padecimiento de ese cuerpo social y político que amenazaba desde la Comuna 13.
Orión acabaría entonces con todos los males de esta comuna, en la que más de la mitad de sus habitantes pertenecen a los estratos 1 y 2. Orión sería la salvación para las más de 130 mil almas que habitan ese sector, que vivían hostigadas, desprotegidas y marginadas del Estado y sus beneficios. Otra vez había que manejar a los pobres (Wacquant, 2005), había que controlarlos y mantener el orden. Ésta era una población de criminales y como tal debía ser atendida, con la utilización de la policía, con sistema penal y de justicia.
La biopolítica permite también criminalizar la pobreza, ver en ella un peligro constante, una amenaza permanente. La política tiende a tratar los problemas sociales y políticos que tienen su origen en la desigualdad económica y la inseguridad social, como si fueran problemas de criminalidad (Wacquant, 2005, pág. 10), San Javier no era la excepción, fuerza pública, justicia y sistema carcelario era necesario para armonizar la sociedad
Allí en Nariño y demás barrios de la comuna San Javier, el sistema inmune del Estado hizo presencia. Esa zona de la ciudad estaba enferma, y el gobierno, cerebro, administrador y ejecutivo del Estado, no permitiría que esa infección llegara más allá. Se tomó entonces la de decisión de actuar, de operar con precisión quirúrgica y coordinar las herramientas de los demás organismos del Estado.
Esta vez el sistema inmune que se ocupa de la defensa del cuerpo, atacaría con la fuerza, la coerción y las armas, dirigidas por el sistema militar y policivo esa secreción infecciosa tan molesta e incómoda para la ciudad y la vida de sus habitantes.
Orión se justificaba plenamente en el marco de la Seguridad Democrática, escenario ideal donde el concepto de la biopolítica se arraiga con propiedad y cosecha prontamente buenos frutos. Seguridad Democrática que defiende la vida y seguridad de la mayoría, pero que extermina aquella minoría que pone en riesgo la integridad y supervivencia de la comunidad.
La Operación Orión se perfilaba como una medicina que preparaba el Gobierno para paliar la dolencias de una esquina de Medellín que estaba enferma de guerrilleros, paramilitares y delincuentes. Orión demostraría que para el Estado no existe espacio vedado, (Montoya, 2002) “Vamos a continuar y lo que estamos haciendo en la Comuna 13 es un mensaje contundente a los violentos, que es: desistan, vamos a llegar a todo el país porque la guerra de guerrillas urbanas no tiene cabida en Colombia“, apuntaba el general Montoya.
Demostrarían que la soberanía y el biopoder llegan a todo el cuerpo para eliminar lo enfermo, no importa si algunas celular buenas son destruidas y mueren mientras se opera, no importaba que 3 civiles resultaran muertos y que 40 más hubiesen resultado heridos (CINEP, 2003, pág. 57) por el ataque del sistema inmune. Tampoco importaba que 8 personas resultaran desaparecidos, ni que 355 personas fueran privadas de su libertad sin orden judicial, tampoco importó que 9 soldados fueran heridos, que 2 policías y 2 soldados hubieran muerto, eso no importaba, ellos están para morir, claro para defender la vida, esa es la biopolítica de Orión,
Lo primordial entonces era eliminar el germen de la guerrilla, los paras y la fechoría. Devolver el orden y pacificar la zona. La muerte de 10 guerrilleros y la judicialización y condena de 82 personas, más la liberación de 20 secuestrados según el Gaula, justificaba la letal medicina que habían diseñado los defensores de la vida.
Para estos fines había que utilizar toda la fuerza del Estado, había que demostrar que él efectivamente tiene el poder para proteger la vida y generar seguridad, había que demostrar que no estábamos equivocados cuando le entregamos al Leviatán el poder coercitivo y brutal de la fuerza para proteger la vida y el pacto social al estilo Hobbesiano.
En la Operación Especial Conjunta Orión, los organizamos que preservan la vida al interior del Estado debían estar unidos y más fuertes que nunca. Así en la comuna 13, el 16 de octubre de 2002 a la media noche el Estado y su Gobierno por orden del Presidente de turno Álvaro Uribe Vélez, hicieron presencia con las siguientes soluciones:
- Ejército Nacional: Batallón Bomboná, Batallón de Artillería, Batallón de Infantería 32, Batallón Granaderos y Brigada 4. Fuerza de Despliegue Rápida FUDRA
- Policía Nacional: Estaciones Laureles y San Blas, Gaula, Bloque Urbano Antiterrorista de la Sijín, Policía Metropolitana.
- Fuerza Aérea FAC
- Departamento Administrativo de Seguridad DAS
- Cuerpo de Investigación de la Fiscalía CTI
- Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía URI
- La Fiscalía General de la Nación
- Procuraduría General de la Nación
Estas fuerzas del Estado, eran las llamadas a defender la sociedad, a recuperar el orden y preservar la vida. Llegaron en helicópteros, tanques y carros blindados, no quedaba duda de que Orión como buen cazador salía siempre armado y preparado.
Lo urbano fue el escenario para qué cerca de 1000 hombres acordonarán la zona, rodearan la enfermedad y con fuego comenzaran a purificar la Comuna 13. Fuerza desproporcionada, tropas desplegadas, helicópteros de combate eran necesarios para purgar a San Javier. Había que matar, pues se trataba de la vida.
La decisión de operar y extirpar el mal, deviene de un poder soberano capaz de decidir sobre la vida y la muerte, poder capaz y autorizado para elegir quien debe o no vivir. Esta capacidad de impactar y aplicar poder político sobre la vida de todos los seres humanos es a la que llamamos Biopoder (Foucault, 1999).
Este biopoder, entendido como la facultad para decidir y actuar sobre la vida y la muerte, recae explícitamente en la biopolítica; esta relación perversa pone la vida al servicio de la política y no a la política al servicio de la vida (Esposito, 2006, pág. 24), ya que quien detenta el poder, no solo decide quién tiene derecho a vivir, sino, y sobre todo, poder para decidir quién debe morir.
Otorgarle ese poder al Estado para que defienda la vida individual, la vida en sociedad, para que la defienda a toda costa y nos mantenga seguros, es darle la posibilidad de que controle las formas de existir, las formas de morir y las formas de relacionaros al interior del mismo. La responsabilidad exigida al Estado para que defienda y proteja la vida, es por efecto la legitimidad otorgada para matar. En ese sentido podría afirmase, como lo han dicho ya varios teóricos, el Estado se legitima matando.
Pusimos en el Estado el Derecho a Vivir en el mismo nivel que el deber de matar, pues éste entiende que para que unos vivan, a veces es necesario que otros mueran como lógica natural. En este sistema la biopolítica o la política de la vida, se encuentra al mismo nivel que la tánatopolítica, o la política de la muerte, al exigirle al Estado la defensa de la vida, le entregamos también el poder sobre la muerte. Sucede así, que cada vez que la sociedad exija y obligue al Estado a mantener la vida, le permita también acabar con ella.
Por eso al interior de esta biopolítica cualquier exigencia que se le haga al Estado a favor de la vida es legitimar también la tánatopolitica. En consecuencia, en San Javier ese 16 de octubre de 2002 no importó el desconocimiento de los principios de distinción y de proporcionalidad, el uso de Black Hawk, y de artillería de ametralladora M60, ya la política de la muerte reinaba y actuaba en nombre de la vida y la libertad.
La Operación Especial Conjunta Orión era pues un modelo de agresión criminal contra la comunidad (CINEP, 2003), a través de operaciones militares indiscriminadas para imponer el control social, militarizar la vida cotidiana, la convivencia y las relaciones sociales.
Todo tipo de violaciones contra la vida, la libertad y la integridad de las personas emergieron de la Operación Orión; desplazamiento forzado intraurbano, amenazas de muerte, desapariciones, afectación de la libertad individual, allanamientos ilegales, retenciones arbitrarias, afectación de la seguridad personal, estigmatización y señalamientos, violaciones al debido proceso, al principio de legalidad, a la presunción de inocencia. Decretos que permitían allanar y capturar sin orden judicial, abusos de autoridad, tratos crueles e inhumanos o degradantes y tortura, son tan solo algunos de los hechos que permiten entender hasta donde se justifica defender la vida, cuando ésta se pone al servicio de la política, de la seguridad y el orden.
En Colombia estas nociones de tanatopolítca no eran novedosas, ya algún General del Ejército Colombiano había profetizado con una parábola de la muerte, al sugerir que si la guerrilla se movía como pez en el agua entre sociedad civil, había que quitarle el agua al pez. En la Comuna 13 la sociedad civil fue la más afectada, pero como el pez había muerto, el agua desperdiciada ya no importaba.
Por eso el General Carlos Alberto Ospina, Comandante del Ejército, señalaba la dificultad (CINEP, 2003) “a ellos (a los milicianos) los ha protegido es eso precisamente, estar escudados en las casas o en la población civil pero la Operación va a continuar y los vamos a sacar y pues tienen dos opciones, o se entregan o los sacamos vivos o muertos.” Esta frase contundente permite entender como dentro de la biopolítica el vivir o el morir es un mismo asunto. Los milicianos solo decidían si entregaban o no, pues la decisión de vivir o morir, ya no estaba en sus manos, su existencia pertenecía ya de cualquier manera al soberano, al biopoder.
Ya no son milicas Farianas ni Elenas, tampoco los Comandos Armados del Pueblo, la enfermedad de la Comuna 13. Hoy el virus ha mutado y son los combos, los grupos armados ilegales, los grupos paramilitares y las BACRIM como las llama el gobierno, los maleficios que azotan a San Javier y a otras comunas de Medellín.
En estos días es fácil oír, voces que claman y añoran una Operación Orión II, claro mejorada, más efectiva y contundente. Pero volvemos a lo mismo, a exigirle a Estado la defensa de la vida, así sea matando. Prontamente criminalizamos los barrios más pobres, identificamos a los enemigos y la respuesta no tarda en llegar, y siempre más de lo mismo; aumento del pie de fuerza, militarización de la vida, control social y presencia exhaustiva del sistema judicial y carcelario son las respuestas más creativas y efectivas que este Estado puede ofrecer.
Mientras que la vida no se preserve como valor supremo y se respete la existencia sin distinción, la vida seguirá estando al servicio de la política y ésta, para conservar su poder, seguirá protegiendo la vida, tomando aquellas que considere necesarias, matando para legitimarse y consolidar su soberanía.
Conclusiones
- En escenarios de conflicto la responsabilidad exigida al Estado para que defienda y proteja la vida, es por efecto la legitimidad otorgada al Estado para matar.
- Cuando la biopolítica como política de la vida, se convierte en una acción violenta, la muerte se justica para salvar la vida, allí vivir o morir es un mismo asunto para las necesidades del Estado.
- La Operación Especial Conjunta Orión fue modelo de agresión militar contra la sociedad, a través de operaciones militares indiscriminadas, sin la aplicación del principio de distinción y con uso desproporcionado de la fuerza.
- Entregarle el poder al Estado para que defienda la vida y nos mantenga seguros, es otorgarle la posibilidad de controlar las formas de vivir, de morir y las formas de relacionaros.
Bibliografía
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Esposito, R. (2006). Bíos. Biopolítica y filosofía. Buenos Aires: Amorrortu .
Foucault, M. (1999). Religion and culture. edited by Jeremy R. Carrette.
Michel Foucault, .. (2001). “Clase del 17 de marzo de 1976”, en Defender la sociedad: curso en el collège de France (1975-1976). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Montoya, G. M. (16 de Octubre de 2002). Presidencia de la República. Recuperado el Noviembre de 2010, de Archivos: http://www.presidencia.gov.co/sne/octubre/21/05102002.htm
Wacquant, L. (2005). Castigar a los Parias Urbanos. Revista Oficios Terrestres , 13.
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Ö Trabajo para optar al diploma en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Facultad de Derecho. Universidad de Antioquia. 1 de Noviembre de 2010. Medellín – Colombia
Ö Ö Politólogo, Univiersidad EAFIT. Medellín, Colombia, 2009. Personería de Medellín. Investigador Social, Unidad Permanente de Derechos Humanos 2010.